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		<title>V Encuentro de Terapia de Regulación Emocional: una comunidad que crece con nuevos avances clínicos y de investigación</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2026 20:56:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Con una sala llena de profesionales de la salud mental y un clima de intercambio genuino, se llevó a cabo el V Encuentro de Terapia de Regulación Emocional, una jornada [&#8230;]</p>
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<p><span style="font-size: 14pt;">Con una sala llena de profesionales de la salud mental y un clima de intercambio genuino, se llevó a cabo el<strong> V Encuentro de Terapia de Regulación Emocional</strong>, una jornada que combinó presentaciones de alto nivel académico con un valioso espacio de reflexión colectiva. La actividad, que se ha consolidado como un punto de encuentro anual para quienes trabajan desde este enfoque, reunió a terapeutas y profesionales interesados en los desarrollos más recientes del modelo.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La jornada fue inaugurada por el Dr. Jaime Silva, investigador de la Universidad del Desarrollo y referente del enfoque, quien presentó la ponencia «Estilos Socioemocionales en la práctica clínica». En su exposición, Silva profundizó en cómo las personas experimentan, regulan y utilizan sus emociones en el contexto de sus relaciones, integrando sistemas motivacionales, estrategias de regulación y trayectorias del desarrollo. La presentación enfatizó que estos estilos no constituyen rasgos fijos ni diagnósticos, sino patrones contextuales que se sitúan en un continuo entre lo adaptativo y lo rígido, y que pueden modificarse cuando las condiciones relacionales cambian.</span> <span style="font-size: 14pt;">La presentación abordó cuatro estilos socioemocionales — independencia defensiva, sumisión adaptativa, coerción relacional y victimismo instrumental — y los recorrió a lo largo de cuatro hitos del desarrollo: la organización del dominio afectivo en la primera infancia, la teoría de la mente y mentalización, la transición adolescente, y la intimidad en la adultez. También se revisaron las trayectorias del dolor emocional basadas en el modelo de Bonanno y Diminich (2013), distinguiendo perfiles resilientes, de recuperación, crónicos y de inicio tardío.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En un segundo bloque, el equipo del Emotion &amp; Psychotherapy Lab (EmoPsy Lab) de la UDD presentó los resultados preliminares del estudio piloto de la iERT, la versión interpersonal de la Terapia de Regulación Emocional. El Ps. Jorge Matamala, expuso el protocolo del estudio, que utilizó un diseño de línea base múltiple no concurrente con evaluación ecológica momentánea (EMA). La intervención, estructurada en ocho sesiones organizadas en tres fases — autoconocimiento, flexibilidad y afrontamiento —, mostró resultados prometedores: una reducción significativa del malestar psicológico global medido con el CORE-OM (Tau-U = 0.44, p &lt; .001), junto con mejoras en flexibilidad psicológica y bienestar diario. Los participantes del estudio reportaron alta satisfacción con la intervención, destacando la calidad del vínculo terapéutico y la pertinencia del enfoque emocional e interpersonal.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La jornada cerró con el espacio «Construyendo Comunidad ERT: Desafíos y oportunidades», un diálogo abierto en el que los asistentes compartieron sus experiencias aplicando el modelo, identificaron competencias a desarrollar y exploraron juntos las líneas futuras de intervención e investigación.</span> <span style="font-size: 14pt;">El V Encuentro dejó la sensación de una comunidad profesional que no solo crece en número, sino también en solidez teórica y evidencia empírica. Los resultados del estudio piloto de la iERT abren un camino prometedor y refuerzan la necesidad de continuar avanzando hacia ensayos clínicos de mayor escala que consoliden este enfoque como una alternativa terapéutica breve, rigurosa y centrada en lo que más importa: las emociones y los vínculos.</span></p>
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		<title>Tenerlo todo: el efecto psicológico del acceso ilimitado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 21:23:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
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<p><span style="font-size: 14pt;">Durante gran parte del siglo XX, el acceso a bienes culturales estaba mediado por ciertas restricciones materiales. Comprar un disco, adquirir un libro o asistir al cine implicaba tiempo, dinero y planificación. Estas condiciones estructuraban la relación con las experiencias culturales. Escuchar música o ver una película no era una actividad que ocurría en cualquier momento, sino dentro de un contexto relativamente definido.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En ese escenario, el consumo cultural estaba acompañado de rituales como elegir un disco, abrir la carátula, colocar el vinilo o el CD en el reproductor y escuchar un álbum completo formaba parte de una secuencia reconocible. Algo similar ocurría con el cine o la lectura. La experiencia incluía momentos de anticipación, repetición y atención sostenida. Muchos de los recuerdos más entrañables de aquellos que vivimos esa época se relacionan con esas experiencias.<span class="Apple-converted-space"> </span></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Durante las últimas dos décadas, el entorno digital transformó profundamente estas condiciones. Plataformas como Spotify, Netflix o Apple Music ofrecen acceso inmediato a catálogos gigantescos. En cuestión de segundos podemos recorrer millones de canciones, miles de películas o colecciones completas de series y documentales. El acceso cultural dejó de estar condicionado por la escasez y pasó a organizarse en torno a la disponibilidad permanente. Es el día a día de muchos de nosotros.<span class="Apple-converted-space"> </span></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Este cambio tiene implicancias psicológicas relevantes. La investigación en bienestar ha mostrado que el placer humano responde a mecanismos relativamente estables. Uno de los más estudiados es la <b>adaptación hedónica</b>. Podemos definirla como la tendencia del sistema psicológico a acostumbrarse rápidamente a aquello que inicialmente resulta gratificante.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Cuando una persona obtiene algo que desea, el placer aumenta durante un periodo breve. Con el paso del tiempo, esa experiencia se integra a la vida cotidiana y su impacto emocional disminuye. El estímulo deja de sentirse novedoso y pasa a formar parte de lo habitual. Lo novedoso se convierte en rutinario y ahí algo cambia dentro de nosotros.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Este patrón aparece en distintos ámbitos de la vida y por ello ha interesado mucho a la psicología. Investigaciones del bienestar lo han documentado en ingresos económicos, adquisiciones materiales y experiencias de consumo. El sistema psicológico tiende a incorporar rápidamente los cambios positivos dentro de lo normal.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En el ámbito cultural ocurre algo similar. La exposición repetida a estímulos placenteros reduce gradualmente su capacidad de generar entusiasmo. La música, las películas o las series que inicialmente producen una fuerte respuesta emocional terminan integrándose al paisaje cotidiano de experiencias disponibles. El entorno digital acelera este proceso como nunca antes ocurrió. El acceso permanente a contenidos facilita la exposición constante a nuevos estímulos, donde la distancia entre el deseo y el acceso prácticamente desaparece, es decir <b>el tener esta a menos de un click del querer</b>. En lugar de esperar por una experiencia, basta con abrir una aplicación.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Al mismo tiempo, la investigación en psicología del consumo ha identificado un fenómeno asociado a contextos de abundancia: l<b>a sobrecarga de opciones</b>. Cuando el número de alternativas crece demasiado, la toma de decisiones se vuelve cognitivamente más exigente. Las personas comparan más posibilidades, evalúan más alternativas y prolongan el momento de elegir. Este patrón se observa con claridad en el uso cotidiano de plataformas de streaming. Muchos usuarios recorren extensos catálogos antes de decidir qué ver o escuchar. La búsqueda de contenido se convierte en parte de la experiencia. En ocasiones, el tiempo dedicado a explorar opciones supera el tiempo invertido en disfrutar lo elegido.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Otro cambio importante tiene que ver, como se mencionó, con la desaparición progresiva de los rituales asociados al consumo cultural. Durante décadas, escuchar música o ver una película implicaba dedicar tiempo específico a esa actividad. La experiencia estaba delimitada por ciertas prácticas que organizaban la atención. La anticipación desempeñaba un papel importante dentro de estos procesos. Esperar el estreno de una película o el lanzamiento de un álbum generaba un período de expectativa que intensificaba la experiencia posterior. La psicología afectiva ha mostrado que la anticipación activa sistemas motivacionales que contribuyen al disfrute. En los entornos digitales actuales, ese intervalo prácticamente se reduce a cero. El contenido está disponible de inmediato y puede ser reemplazado con la misma rapidez. Cada experiencia forma parte de un flujo continuo de alternativas disponibles.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Este fenómeno resulta particularmente relevante cuando se observa desde una perspectiva generacional. La abundancia digital está contribuyendo a moldear la mente contemporánea, especialmente en las generaciones más jóvenes. Muchos jóvenes crecieron en contextos donde el acceso inmediato a entretenimiento, información y estímulos constituye una característica permanente del entorno.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Diversos estudios en psicología del desarrollo sugieren que estas condiciones influyen en la manera en que se organiza la atención y en la relación con el tiempo de espera. La disponibilidad constante de alternativas favorece patrones de exploración continua y cambios frecuentes entre contenidos. El consumo cultural adopta entonces una dinámica más fragmentada. Música, videos, series y redes sociales circulan dentro de un flujo permanente de estímulos. Las experiencias individuales ocupan intervalos breves dentro de ese flujo. Paralelamente, la economía digital ha consolidado modelos de consumo basados en el acceso permanente. Las suscripciones mensuales permiten mantener un catálogo casi infinito disponible en todo momento. Este modelo se ha extendido rápidamente a distintos sectores de la industria cultural.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Comprender estos cambios es importante para la psicología del bienestar. El disfrute humano depende de variables como la atención, la anticipación y la profundidad con que se experimentan las actividades. Los ritmos de exposición a los estímulos también influyen en la intensidad de la experiencia emocional. Por esta razón, algunos estudios recientes exploran estrategias que modifican la relación con la abundancia digital. Limitar voluntariamente el número de opciones, dedicar tiempo exclusivo a ciertas actividades o recuperar rituales asociados al consumo cultural puede reorganizar la experiencia del disfrute.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">¿Estaremos condenamos a un mundo cada vez menos atractivo y sobreestimulado?</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Dr. Jaime Silva Concha</span></p>
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		<title>Neurocognición y pobreza: implicancias clínicas de un enfoque basado en fortalezas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Feb 2026 14:09:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando la desigualdad se mira solo desde el déficit Durante décadas, la desigualdad infantil ha sido abordada principalmente desde una lógica del déficit. En este marco, crecer en contextos de [&#8230;]</p>
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<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Cuando la desigualdad se mira solo desde el déficit</strong></span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Durante décadas, la desigualdad infantil ha sido abordada principalmente desde una lógica del déficit. En este marco, crecer en contextos de pobreza se ha asociado casi exclusivamente a carencias y daños en el desarrollo cognitivo y socioemocional. Este enfoque ha tenido un impacto importante en la investigación científica y en el diseño de políticas públicas. Sin embargo, también ha contribuido a consolidar una narrativa reduccionista que sitúa el problema en los niños y sus familias, más que en las condiciones estructurales que organizan sus experiencias cotidianas.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Desde esta mirada, las diferencias observadas en el desarrollo neurocognitivo suelen interpretarse como señales de deterioro, sin considerar la complejidad de los contextos en los que ese desarrollo ocurre. Esta forma de interpretar los datos tiende a invisibilizar la diversidad de trayectorias, la heterogeneidad de experiencias y las formas activas en que niños y familias enfrentan entornos desiguales.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Además, las narrativas basadas en el déficit no solo influyen en la investigación, sino también en el discurso público y educativo. Estas visiones pueden ser internalizadas por docentes, profesionales y por los propios niños, afectando expectativas, prácticas pedagógicas y oportunidades futuras. Así, una explicación centrada únicamente en lo que <em>falta</em> termina reforzando estigmas que influyen en las oportunidades y en el diseño de políticas públicas.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Talentos ocultos en la adversidad: cómo el desarrollo se adapta al contexto</strong></span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Frente a estas limitaciones, distintas corrientes teóricas han propuesto un giro hacia una <em>Perspectiva Basada en Fortalezas</em>. Este enfoque no niega las dificultades asociadas a la pobreza infantil, pero amplía la mirada para incluir las respuestas adaptativas que emergen en contextos de desigualdad. Desde esta perspectiva, el desarrollo se entiende como un proceso profundamente dependiente del entorno, en el que los niños ajustan habilidades, estrategias y estilos cognitivos a las demandas de su contexto.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">La propuesta subraya que muchas experiencias adversas no son homogéneas ni exclusivamente negativas. Algunas condiciones pueden coexistir con oportunidades relacionales, culturales o cognitivas relevantes. La convivencia multigeneracional, por ejemplo, puede implicar hacinamiento, pero también acceso a redes de apoyo, transmisión cultural y recursos emocionales. Del mismo modo, crecer en contextos impredecibles puede favorecer habilidades específicas de monitoreo del entorno y flexibilidad cognitiva. En esta línea, la evidencia muestra que personas de menor nivel socioeconómico pueden sobresalir en habilidades colaborativas, mayor sintonía social, empatía y precisión empática. Esta aproximación dialoga con <em>el Modelo de Talentos Ocultos</em>, que sugiere que ciertos contextos de adversidad pueden contribuir al desarrollo de habilidades adaptadas al estrés.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Desde esta mirada, las diferencias neurocognitivas no se interpretan automáticamente como déficits, sino como posibles especializaciones funcionales. El desarrollo cerebral es entendido como plástico, no lineal y sensible a la experiencia. Así, ciertas trayectorias pueden implicar beneficios adaptativos en un contexto determinado, aun cuando supongan costos o desventajas en otros entornos. Este enfoque invita a repensar qué se considera desarrollo <em>normativo</em> y para quién se definen esos estándares.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Hacia un cambio de enfoque en infancia y política pública</strong></span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">En este marco, el debate se traslada desde la teoría hacia sus implicancias concretas. DeJoseph y colegas (2024) plantean la necesidad de integrar esta perspectiva basada en fortalezas en la investigación y en las políticas públicas. A partir de evidencia en neurociencia cognitiva del desarrollo, se sostiene que las diferencias asociadas al nivel socioeconómico pueden reflejar adaptaciones contextuales más que déficits universales.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">El texto propone tres principios centrales. Primero, que las experiencias vinculadas a la pobreza incluyen tanto desafíos como recursos y oportunidades. Segundo, que las diferencias neurocognitivas observadas pueden indicar habilidades especializadas o estrategias adaptativas. Tercero, que las capacidades cognitivas de los niños se expresan mejor cuando las evaluaciones consideran materiales y contextos cercanos a sus experiencias reales.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">Desde estas bases, también se advierte sobre los riesgos éticos de una aplicación superficial del enfoque de fortalezas. Reconocer habilidades desarrolladas en contextos de adversidad no debe justificar la desigualdad ni naturalizar los daños asociados. Por el contrario, se sugiere que una ciencia más equilibrada puede contribuir a políticas más sensibles, que reconozcan la agencia y las fortalezas de niños y familias, sin perder de vista la urgencia de transformar las estructuras que producen desigualdad.</span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Referencia: </strong></span></p>
<p style="font-weight: 400;"><span style="font-size: 14pt;">DeJoseph, M. L., Ellwood-Lowe, M. E., Miller-Cotto, D., Silverman, D., Shannon, K. A., Reyes, G., Rakesh, D., &amp; Frankenhuis, W. E. (2024). The promise and pitfalls of a strength-based approach to child poverty and neurocognitive development: Implications for policy. Developmental cognitive neuroscience, 66, 101375. https://doi.org/10.1016/j.dcn.2024.101375</span></p>
<p style="font-weight: 400;">
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		<title>Therians: identidad, dependencia y desarrollo socioemocional en adolescentes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 15:53:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-6060" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-1024x683.jpeg" alt="" width="1024" height="683" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-1024x683.jpeg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-300x200.jpeg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-768x512.jpeg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-1536x1024.jpeg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-2048x1365.jpeg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-75x50.jpeg 75w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-650x433.jpeg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-1000x667.jpeg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-50x33.jpeg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1004284547-600x400.jpeg 600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p data-start="218" data-end="622"><strong>Por Dr. Jaime Silva </strong></p>
<p data-start="218" data-end="622"><span style="font-size: 14pt;">En las últimas semanas ha comenzado a circular con fuerza el fenómeno <em data-start="288" data-end="297">therian</em>: jóvenes que declaran identificarse emocionalmente como animales, principalmente domésticos. Aunque para muchos esto aparece como una tendencia extraña o pasajera, desde la psicología del desarrollo este tipo de manifestaciones permite observar procesos más profundos vinculados a identidad, regulación emocional y vínculos.</span></p>
<p data-start="624" data-end="1015"><span style="font-size: 14pt;">La adolescencia es una etapa crítica para la construcción del autoconcepto. En condiciones habituales, la identidad se desarrolla de manera relativamente armónica: el niño va ajustando quién es a partir del diálogo con su entorno, contrastando capacidades, límites y expectativas en relación con otros. Este proceso permite integrar progresivamente autonomía, pertenencia y sentido personal.</span></p>
<p data-start="1017" data-end="1333"><span style="font-size: 14pt;">En el fenómeno therian, esta trayectoria aparece fragmentada. La autopercepción comienza a organizarse desde un lugar que el contexto social no logra integrar con facilidad. La identidad deja de construirse en intercambio con el entorno y empieza a consolidarse en espacios cerrados que ofrecen validación inmediata.</span></p>
<p data-start="1335" data-end="1820"><span style="font-size: 14pt;">Un elemento central para comprender este proceso es la paradoja que viven muchos adolescentes criados en contextos de alta supervisión o sobreprotección. Durante la infancia reciben gran apoyo adulto, con demandas reducidas y fuerte estructuración externa. Esto favorece dependencia emocional. Al llegar la adolescencia, el escenario cambia abruptamente: aumentan las exigencias sociales, se espera mayor autonomía, habilidades relacionales más complejas y tolerancia a la frustración.</span></p>
<p data-start="1822" data-end="1887"><span style="font-size: 14pt;">Para jóvenes más vulnerables, este tránsito se vive como adverso.</span></p>
<p data-start="1889" data-end="2283"><span style="font-size: 14pt;">En ese contexto, la identificación con animales domésticos adquiere un sentido psicológico nítido. El animal representa una condición donde se puede depender legítimamente, recibir cuidado y protección, y quedar relativamente al margen de las presiones propias del mundo humano. <strong>La identidad therian funciona como un refugio simbólico frente a un entorno percibido como excesivamente demandante.</strong></span></p>
<p data-start="2285" data-end="2601"><span style="font-size: 14pt;">Este fenómeno no constituye una patología en sí mismo. Sin embargo, suele aparecer con mayor frecuencia en jóvenes que ya presentaban dificultades relacionales, inseguridad identitaria o alta sensibilidad emocional. La comunidad therian ofrece pertenencia, reconocimiento y orden, allí donde antes había soledad, falta de pertenencia.</span></p>
<p data-start="2603" data-end="2921"><span style="font-size: 14pt;">Cuando esta identidad se vuelve rígida, comienzan a observarse impactos en la vida cotidiana: aislamiento progresivo, tensiones familiares, dificultades escolares y una creciente distancia con el entorno. La identidad se estrecha y pierde flexibilidad, limitando el desarrollo de recursos personales y vínculos reales.</span></p>
<p data-start="2923" data-end="3263"><span style="font-size: 14pt;">Desde el trabajo clínico y socioemocional, el foco no busca confrontar la identidad declarada, sino que, como enfatizamos en nuestra formación clínica, <strong>comprender qué necesidades emocionales se están organizando a través de ella</strong>. El objetivo es acompañar al adolescente en la expansión de su identidad, fortalecer su autonomía emocional y reconstruir trayectorias vinculares más amplias.</span></p>
<p data-start="3265" data-end="3500"><span style="font-size: 14pt;">Con las familias, resulta fundamental revisar estilos de crianza marcados por sobreprotección e indulgencia, promoviendo límites claros que permitan al joven desarrollar agencia personal, tolerar frustración y experimentar competencia. </span></p>
<p data-start="3265" data-end="3500"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Revisa la entrevista al Dr. Jaime Silva en Radio Infinita relacionada a este enfoque</strong></span></p>
<div class="vimeo-wrap"><iframe title="Entrevista Vimeo" src="https://player.vimeo.com/video/1166391856?h=8913a4c02f&amp;badge=0&amp;autopause=0&amp;player_id=0&amp;app_id=58479" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"><br />
</iframe></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><script src="https://player.vimeo.com/api/player.js"></script></p>
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		<title>La crisis de los diagnósticos psiquiátricos &#124; Columna del Dr. Jaime Silva Concha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 18:16:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-6052" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-1024x576.jpeg" alt="" width="1024" height="576" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-1024x576.jpeg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-300x169.jpeg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-768x432.jpeg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-1536x864.jpeg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-2048x1152.jpeg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-89x50.jpeg 89w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-650x366.jpeg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-1000x563.jpeg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-50x28.jpeg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1657989932-600x338.jpeg 600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Cuando una persona consulta a un especialista por ansiedad, depresión o insomnio, suele ocurrir algo silencioso pero decisivo. El profesional debe ponerle un nombre a lo que está pasando. Ese nombre es mucho más que una etiqueta clínica. En muchos países define qué tratamiento se indica, qué cubre el seguro, qué justifica una licencia médica, cómo se registran las estadísticas de salud pública y hasta qué investigaciones reciben financiamiento.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">El principal “diccionario” que organiza esos nombres es el “DSM”, sigla de «Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales», publicado por la Asociación Psiquiátrica Americana. No es un libro de autoayuda ni una guía terapéutica, sino un sistema de clasificación. Su influencia es enorme porque orienta la práctica clínica, estandariza el lenguaje profesional y estructura buena parte de la lógica administrativa de la salud mental.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Durante décadas el DSM funcionó como un mapa de categorías. Trastorno depresivo mayor, trastorno de pánico, trastorno bipolar, déficit atencional, entre otros. Cada problema quedaba definido por listas de síntomas y umbrales, como si se tratara de enfermedades claramente separadas. Ese esquema aportó orden y un lenguaje común, pero también acumuló problemas evidentes. La mayoría de las personas no encaja limpiamente en una sola casilla, muchas reciben dos, tres o más diagnósticos simultáneos, y dos pacientes con la misma etiqueta pueden diferir radicalmente en su historia, su sufrimiento y sus necesidades clínicas.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En enero de 2026 la institución que publica el DSM difundió una estrategia de reforma en una serie de artículos del <i>American Journal of Psychiatry</i>. Lo relevante no fue la aparición de nuevos trastornos, sino el cambio de enfoque. La propuesta apunta a que el futuro manual deje de ser principalmente un catálogo de categorías y avance hacia una evaluación más dimensional y transversal, donde importen tanto los síntomas como el funcionamiento real de la persona, su calidad de vida y su contexto.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En términos simples, en lugar de preguntar solo qué diagnóstico tiene alguien, el foco se desplaza hacia preguntas más clínicas y más humanas. Qué tan grave es lo que ocurre, qué procesos están implicados, qué factores atraviesan distintos problemas, cómo está funcionando la persona en su vida cotidiana y qué elementos del entorno sostienen el malestar. En esa hoja de ruta aparece también una aspiración de largo plazo, incorporar biomarcadores cuando exista evidencia suficientemente útil. Hoy la propia psiquiatría reconoce que estos aún no son consistentes para la mayoría de los cuadros.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Este giro ha sido presentado por algunos como una revolución. En rigor es una corrección bastante tardía. La neurociencia y la genética llevan años mostrando un patrón incómodo para las categorías rígidas. Los riesgos biológicos se solapan entre diagnósticos y los sistemas cerebrales involucrados en emoción, amenaza, recompensa y control cognitivo atraviesan múltiples formas de malestar.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La psicoterapia, con todas sus diferencias internas, opera desde hace tiempo más cerca de esta lógica de lo que suele reconocerse. En la clínica real buena parte del trabajo no depende del rótulo, sino de procesos como la regulación emocional, la historia vincular, el trauma, el sentido de propósito o los recursos de afrontamiento. Cambia el lenguaje entre enfoques, pero converge la atención en procesos transversales y en intervenciones ajustadas a la persona.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Lo relevante es que este cambio no queda en el plano académico. Presiona directamente a los sistemas de salud mental. Obliga a revisar el sesgo medicalizado, revaloriza la prevención temprana y exige políticas más cuidadosas en el uso de psicofármacos, articulándolas eficientemente con intervenciones psicológicas y psicosociales.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">El DSM está cambiando porque la evidencia y la práctica clínica volvieron insostenible su versión clásica. La pregunta abierta es si los sistemas que dependen de él, seguros, políticas públicas, formación profesional y organización de servicios, lograrán cambiar con la misma rapidez. De eso dependerá que este giro sea algo más que una actualización técnica y se traduzca en una atención más precisa, más humana y mejor alineada con lo que hoy sabemos sobre el sufrimiento psicológico.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Dr. Jaime Silva Concha</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Instituto de Bienestar Socioemocional</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Universidad del Desarrollo</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Adversidad temprana y adaptación: una nueva mirada sobre el desarrollo humano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Feb 2026 18:38:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_6031" style="width: 1034px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-6031" class="size-large wp-image-6031" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-1024x569.jpeg" alt="" width="1024" height="569" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-1024x569.jpeg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-300x167.jpeg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-768x427.jpeg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-1536x853.jpeg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-2048x1138.jpeg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-90x50.jpeg 90w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-650x361.jpeg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-1000x556.jpeg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-50x28.jpeg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/02/AdobeStock_1711106763-600x333.jpeg 600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><p id="caption-attachment-6031" class="wp-caption-text"><strong style="font-size: 16px;">¿Cómo se entiende la Adversidad Temprana?</strong></p></div>
<p style="font-weight: 400;">La investigación sobre adversidad temprana ha sido amplia y compleja, con un debate en curso sobre cómo definirla. Tradicionalmente, el marco de Experiencias Adversas en la Infancia se ha centrado en el abuso, la negligencia y la disfunción familiar. Sin embargo, enfoques más recientes amplían esta mirada. Hoy también se consideran factores estructurales y ambientales, como la pobreza, la violencia comunitaria y la discriminación.</p>
<p style="font-weight: 400;">Además, existen distintas formas de comprender estas experiencias. Algunos enfoques suman distintos riesgos en un índice acumulativo. Otros distinguen entre amenaza, cuando hay peligro o daño, y privación, cuando faltan apoyos o estimulación esperada. Así, la adversidad temprana se entiende como un conjunto de experiencias adversas que generan estrés significativo durante la niñez o adolescencia.</p>
<p style="font-weight: 400;">En conjunto, estas experiencias moldean trayectorias del desarrollo al exigir ajustes psicológicos y biológicos. Sin embargo, gran parte de la investigación ha estudiado estas vivencias principalmente desde el daño y la psicopatología. El foco ha estado en los riesgos y los efectos negativos. Este predominio abre espacio a perspectivas que amplíen la comprensión de la adversidad temprana.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Modelo de Talentos Ocultos: una perspectiva que desafía la narrativa tradicional basada en el déficit</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Como complemento a la visión centrada en el déficit, surge el <em>Modelo de Talentos Ocultos</em>. Esta propuesta invita a observar también las <em>fortalezas</em> que pueden desarrollarse en contextos difíciles. Plantea que muchas personas desarrollan <em>habilidades adaptadas al estrés</em> como respuesta directa a la adversidad. No se trata solo de sobrellevar experiencias difíciles. Se trata de ajustarse de manera funcional a entornos duros o impredecibles.</p>
<p style="font-weight: 400;">Este modelo se basa en varios supuestos. Primero, la adaptación mejora el ajuste entre la persona y su entorno. Segundo, distintos tipos de adversidad moldean habilidades diferentes. Tercero, el desempeño depende del contexto donde se evalúan las capacidades. Cuarto, habilidades desarrolladas en ambientes difíciles pueden aprovecharse en contextos más amplios.</p>
<p style="font-weight: 400;">A diferencia de la resiliencia tradicional, que enfatiza el retorno al funcionamiento normativo a pesar de la adversidad, los talentos ocultos pueden no ajustarse a estándares escolares o culturales dominantes y, aun así, ser altamente funcionales en ambientes específicos donde se desarrollaron. Desde esta perspectiva, la pregunta clave pasa de <em>“¿qué falla?”</em> a <em>“¿qué habilidades se están moldeando?”</em>. Precisamente eso es lo que la investigación reciente ha comenzado a examinar de manera sistemática.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>¿Qué habilidades pueden surgir en contextos difíciles?</strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Una reciente revisión sistemática de Porter y Handley (2025) analizó 45 estudios empíricos sobre adversidad temprana y talentos ocultos. En el dominio cognitivo, varios estudios muestran que niños expuestos a contextos de amenaza presentan mayor reconocimiento emocional y sensibilidad a señales como enojo y tristeza, lo que puede facilitar la detección temprana de posibles riesgos en entornos impredecibles.</p>
<p style="font-weight: 400;">En contextos de escasez económica, se observan estrategias orientadas a recompensas inmediatas, un patrón coherente con ambientes donde las oportunidades y recursos pueden ser limitados. Además, entornos impredecibles se asocian con mayor aprendizaje implícito, mayor flexibilidad cognitiva bajo incertidumbre y un procesamiento más sensible del contexto, características que pueden favorecer la adaptación flexible a situaciones cambiantes.</p>
<p style="font-weight: 400;">En adultos, se han observado estilos de toma de decisiones más intuitivas y rápidas bajo condiciones de incertidumbre. Además, el desempeño puede variar según el tipo de tarea. Personas con historia de adversidad pueden rendir peor en tareas abstractas, pero igual o mejor cuando las tareas se parecen más a situaciones de la vida real. Esto sugiere que ciertas habilidades están estrechamente ligadas a las demandas ambientales donde se desarrollaron.</p>
<p style="font-weight: 400;">En el plano social, ciertos estudios vinculan la adversidad con mayor empatía, mejor lectura social y habilidades comunicativas adaptativas, como la colaboración, toma de perspectiva y esfuerzos centrados en la solución. En el plano fisiológico, aunque la evidencia es más limitada, se han observado respuestas de estrés más atenuadas frente al conflicto en la adultez. También se ha descrito un menor impacto del estrés sobre el sueño en personas con mayor historia de adversidad temprana.</p>
<p style="font-weight: 400;">Si bien existen resultados mixtos y efectos nulos, el conjunto de evidencias indica que la adversidad no se asocia solo con dificultades, sino también con talentos ocultos que pueden favorecer una adaptación funcional en determinados contextos. Mirar la adversidad únicamente desde el daño deja fuera una parte importante de la experiencia humana. Esta evidencia no romantiza las experiencias adversas, pero sí muestra que, en ciertos contextos, pueden desarrollarse formas de adaptación funcional. Reconocer esta complejidad permite pensar intervenciones que, además de reparar, también identifiquen las habilidades adaptadas al estrés y potencien estos talentos ocultos, para que las personas puedan desenvolverse mejor en sus entornos.</p>
<p style="font-weight: 400;"><strong>Referencia: </strong></p>
<p style="font-weight: 400;">Porter, L., &amp; Handley, E. (2025). A systematic review of stress-adapted skills and hidden talents in individuals who faced early adversity. Development and Psychopathology, 1–16. doi:10.1017/S0954579425100795</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p>La entrada <a href="https://sdemocional.org/adversidad-temprana-y-adaptacion-una-nueva-mirada-sobre-el-desarrollo-humano/">Adversidad temprana y adaptación: una nueva mirada sobre el desarrollo humano</a> se publicó primero en <a href="https://sdemocional.org">Sdemocional</a>.</p>
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		<title>La teoría de los estilos socioemocionales en clínica: comprender el malestar más allá del síntoma</title>
		<link>https://sdemocional.org/ese/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Jan 2026 13:41:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La teoría de los estilos socioemocionales (Silva, 2023), ofrece un marco clínico para comprender el malestar psicológico como el resultado de patrones relativamente estables de regulación emocional y funcionamiento interpersonal, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h1 data-start="221" data-end="324"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-6018" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-1024x336.jpeg" alt="" width="1024" height="336" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-1024x336.jpeg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-300x98.jpeg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-768x252.jpeg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-1536x504.jpeg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-2048x672.jpeg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-152x50.jpeg 152w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-650x213.jpeg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-1000x328.jpeg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-50x16.jpeg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_477056624-600x197.jpeg 600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></h1>
<p data-start="326" data-end="867"><span style="font-size: 14pt;">La teoría de los estilos socioemocionales (Silva, 2023), ofrece un marco clínico para comprender el malestar psicológico como el resultado de <strong data-start="521" data-end="611">patrones relativamente estables de regulación emocional y funcionamiento interpersonal</strong>, desarrollados a lo largo de la vida. Desde esta perspectiva, los síntomas no se entienden como entidades aisladas, sino como expresiones superficiales de sistemas regulatorios más profundos que buscan mantener equilibrio en las relaciones significativas.</span></p>
<p data-start="869" data-end="1294"><span style="font-size: 14pt;">En clínica, esta teoría permite responder a una pregunta central: <strong data-start="935" data-end="1029">por qué personas con diagnósticos similares presentan trayectorias de cambio tan distintas</strong>, y por qué intervenciones técnicamente correctas producen efectos variables entre pacientes. La respuesta no se encuentra únicamente en la gravedad del síntoma, sino en el estilo socioemocional desde el cual la persona procesa sus emociones y se vincula con otros.</span></p>
<h2 data-start="1296" data-end="1345">Estilos socioemocionales y formulación clínica</h2>
<p data-start="1347" data-end="1682"><span style="font-size: 14pt;">Un estilo socioemocional puede entenderse como una <strong data-start="1398" data-end="1446">organización funcional del sistema emocional</strong>, que integra reactividad afectiva, estrategias regulatorias y expectativas interpersonales. Estos estilos se configuran a partir de la interacción entre temperamento, experiencias tempranas de apego y contextos relacionales reiterados.</span></p>
<p data-start="1684" data-end="2066"><span style="font-size: 14pt;">En la práctica clínica, esto implica que el paciente no solo “tiene” ansiedad, tristeza o irritabilidad, sino que <strong data-start="1798" data-end="1852">regula su mundo emocional de una manera particular</strong>, aprendida y sostenida en el tiempo. Dichas estrategias suelen haber sido adaptativas en etapas tempranas, especialmente en contextos donde la expresión emocional directa podía amenazar la estabilidad del vínculo.</span></p>
<p data-start="2068" data-end="2260"><span style="font-size: 14pt;">La clínica se vuelve más precisa cuando el foco se desplaza desde la pregunta “¿qué síntoma presenta?” hacia “¿qué función cumple este síntoma dentro del sistema socioemocional del paciente?”.</span></p>
<h2 data-start="2262" data-end="2306">Homeostasis social y malestar psicológico</h2>
<p data-start="2308" data-end="2669"><span style="font-size: 14pt;">Un concepto central del modelo es la <strong data-start="2345" data-end="2367">homeostasis social</strong>, entendida como el equilibrio dinámico entre las necesidades personales y las demandas del entorno interpersonal. En este marco, las emociones no son solo experiencias internas, sino <strong data-start="2551" data-end="2580">herramientas regulatorias</strong> que permiten ajustar distancia, dependencia, exploración y protección en las relaciones.</span></p>
<p data-start="2671" data-end="2960"><span style="font-size: 14pt;">Cuando la homeostasis social se sostiene mediante estrategias flexibles, el sistema emocional favorece adaptación y bienestar. Cuando se mantiene a costa de <strong data-start="2828" data-end="2869">inhibición persistente de necesidades</strong> o de <strong data-start="2875" data-end="2912">hiperactivación emocional crónica</strong>, el malestar psicológico se vuelve estructural.</span></p>
<p data-start="2962" data-end="3154"><span style="font-size: 14pt;">Desde esta perspectiva, muchos cuadros clínicos pueden comprenderse como el resultado de <strong data-start="3051" data-end="3078">desbalances prolongados</strong> en la regulación interpersonal, más que como fallas aisladas del individuo.</span></p>
<h2 data-start="3156" data-end="3198">Dos direcciones regulatorias en clínica</h2>
<p data-start="3200" data-end="3323"><span style="font-size: 14pt;">En términos clínicos, la teoría identifica dos grandes direcciones regulatorias que organizan los estilos socioemocionales.</span></p>
<p data-start="3325" data-end="3702"><span style="font-size: 14pt;">Algunos pacientes presentan estilos caracterizados por <strong data-start="3380" data-end="3407">desactivación emocional</strong>, donde la regulación se orienta a reducir dependencia, minimizar expresión afectiva y mantener control interpersonal. Estos pacientes suelen consultar tardíamente, presentan dificultades para identificar necesidades emocionales y muestran una aparente autonomía que encubre rigidez regulatoria.</span></p>
<p data-start="3704" data-end="4030"><span style="font-size: 14pt;">Otros pacientes presentan estilos con predominio de <strong data-start="3756" data-end="3785">hiperactivación emocional</strong>, con alta sensibilidad interpersonal, intensa búsqueda de validación y dificultades para modular la intensidad afectiva. En estos casos, el malestar se expresa con mayor visibilidad, pero la regulación sigue dependiendo fuertemente del entorno.</span></p>
<p data-start="4032" data-end="4185"><span style="font-size: 14pt;">Ambos estilos pueden coexistir con distintos diagnósticos y requieren <strong data-start="4102" data-end="4144">estrategias terapéuticas diferenciadas</strong>, aun cuando los síntomas sean similares.</span></p>
<h2 data-start="4187" data-end="4252">Patrones cauto y curioso en TRE: una puerta de entrada clínica</h2>
<p data-start="4254" data-end="4685"><span style="font-size: 14pt;">Desde la Terapia de Regulación Emocional (TRE), los estilos socioemocionales pueden organizarse clínicamente en torno a dos <strong data-start="4378" data-end="4428">patrones generales de regulación interpersonal</strong>: el <strong data-start="4433" data-end="4449">patrón cauto</strong> y el <strong data-start="4455" data-end="4473">patrón curioso</strong>. Ambos describen formas relativamente estables de buscar <strong data-start="4531" data-end="4553">homeostasis social</strong>, es decir, el equilibrio entre cercanía y distancia en los vínculos afectivos, aprendidas tempranamente y mantenidas en la adultez.</span></p>
<p data-start="4687" data-end="5062"><span style="font-size: 14pt;">Toda persona busca, de manera implícita, balancear <strong data-start="4738" data-end="4753">dependencia</strong> y <strong data-start="4756" data-end="4769">autonomía</strong> según la atmósfera afectiva internalizada durante el desarrollo. Cuando este balance se inclina de forma persistente hacia uno de estos polos, emergen estilos regulatorios que, si bien pueden ser funcionales en el corto plazo, reducen la flexibilidad emocional y relacional en el largo plazo.</span></p>
<p data-start="5064" data-end="5582"><span style="font-size: 14pt;">El <strong data-start="5067" data-end="5083">patrón cauto</strong> se caracteriza por una regulación orientada a <strong data-start="5130" data-end="5190">disminuir la activación emocional asociada a la cercanía</strong>. Clínicamente, suele expresarse mediante estrategias que privilegian la autosuficiencia, el control interno o la complacencia silenciosa como formas de protegerse del rechazo, la crítica o la pérdida del vínculo. Estas estrategias permiten mantener estabilidad aparente, pero frecuentemente a costa de la expresión de necesidades, la intimidad emocional y el contacto con el malestar propio.</span></p>
<p data-start="5584" data-end="6079"><span style="font-size: 14pt;">El <strong data-start="5587" data-end="5605">patrón curioso</strong>, en cambio, se organiza en torno a una regulación orientada a <strong data-start="5668" data-end="5740">aumentar la activación emocional para asegurar la respuesta del otro</strong>. Aquí predominan estrategias que intensifican la expresión afectiva, la demanda relacional o la visibilización del sufrimiento con el fin de obtener cercanía, cuidado o validación. Aunque estas estrategias pueden lograr contacto interpersonal inmediato, suelen generar relaciones tensas, dependientes o difíciles de sostener en el tiempo.</span></p>
<p data-start="6081" data-end="6511"><span style="font-size: 14pt;">Desde este marco, la TRE describe <strong data-start="6115" data-end="6164">cuatro mecanismos de regulación interpersonal</strong> que se distribuyen entre estrategias de <strong data-start="6205" data-end="6222">desactivación</strong> y <strong data-start="6225" data-end="6244">hiperactivación</strong>, asociadas respectivamente a los patrones cauto y curioso. Estos mecanismos no constituyen etiquetas diagnósticas ni rasgos fijos, sino <strong data-start="6381" data-end="6437">formas aprendidas de regular la seguridad relacional</strong>, observables en la clínica y potencialmente modificables en psicoterapia.</span></p>
<p data-start="6513" data-end="6840"><span style="font-size: 14pt;">Reconocer estos patrones permite al clínico ir más allá del síntoma manifiesto y comprender <strong data-start="6605" data-end="6682">cómo el paciente intenta regular su mundo emocional en relación con otros</strong>, abriendo un espacio de trabajo terapéutico orientado a ampliar la flexibilidad regulatoria y promover modos de vinculación más ajustados al contexto actual.</span></p>
<h2 data-start="6842" data-end="6878">Implicancias para la psicoterapia</h2>
<p data-start="6880" data-end="7291"><span style="font-size: 14pt;">La principal implicancia clínica de esta teoría es que <strong data-start="6935" data-end="6996">el cambio terapéutico no depende solo de reducir síntomas</strong>, sino de modificar la organización del sistema socioemocional. Esto implica trabajar conciencia emocional, flexibilidad regulatoria y capacidad de sostener relaciones sin recurrir a estrategias extremas de control, autosuficiencia rígida, complacencia autoanulante o hiperactivación relacional.</span></p>
<p data-start="7293" data-end="7676"><span style="font-size: 14pt;">La relación terapéutica se convierte en un espacio privilegiado para observar y reorganizar estos patrones, ya que activa los mismos sistemas motivacionales e interpersonales que operan en la vida cotidiana del paciente. Este enfoque permite comprender resistencias, recaídas y estancamientos como expresiones del estilo socioemocional, más que como falta de motivación o adherencia.</span></p>
<h2 data-start="7678" data-end="7723">Proyecciones en organizaciones y educación</h2>
<p data-start="7725" data-end="8087"><span style="font-size: 14pt;">Aunque el modelo se origina en la clínica, sus implicancias se extienden a otros contextos. En organizaciones, los estilos socioemocionales influyen en liderazgo, manejo del conflicto, tolerancia a la incertidumbre y desgaste emocional. Entornos que refuerzan desactivación o hiperactivación tienden a amplificar estilos rígidos y costos psicológicos colectivos.</span></p>
<p data-start="8089" data-end="8369"><span style="font-size: 14pt;">En educación, los estilos socioemocionales modulan la forma en que estudiantes aprenden, se vinculan con la autoridad y regulan la frustración. Comprender estos estilos permite diseñar intervenciones que favorezcan aprendizaje y bienestar sin patologizar diferencias individuales.</span></p>
<h2 data-start="8371" data-end="8380">Al finalizar</h2>
<p data-start="8382" data-end="8798"><span style="font-size: 14pt;">La teoría de los estilos socioemocionales aporta a la clínica una comprensión más profunda del malestar psicológico, centrada en <strong data-start="8511" data-end="8591">procesos regulatorios, trayectorias de desarrollo y equilibrio interpersonal</strong>. Al desplazar el foco desde el síntoma hacia el sistema que lo sostiene, permite intervenciones más precisas, coherentes y sostenibles, con proyecciones aplicables a contextos educativos y organizacionales.</span></p>
<p data-start="8382" data-end="8798">Más información</p>
<p data-start="8382" data-end="8798"><a href="https://sdemocional.org/producto/v-encuentro-ert/" target="_blank" rel="noopener"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-6012" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-1024x1024.jpg" alt="" width="398" height="398" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-1024x1024.jpg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-300x300.jpg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-150x150.jpg 150w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-768x768.jpg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-1536x1536.jpg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-2048x2048.jpg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-50x50.jpg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-650x650.jpg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-1000x1000.jpg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-600x600.jpg 600w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/Terapia-de-Regulacion-Emocional-2-100x100.jpg 100w" sizes="auto, (max-width: 398px) 100vw, 398px" /></a></p>
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		<title>El turismo: ¿transformación personal o espejismo cultural? &#124; Columna del Dr. Jaime Silva Concha</title>
		<link>https://sdemocional.org/el-turismo-transformacion-personal-o-espejismo-cultural/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jan 2026 15:04:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La crítica filosófica al turismo Hace algunos años La filósofa Agnes Callard desató la polémica al cuestionar el valor transformador del turismo. En “The Case Against Travel” (New Yorker, 2023) [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-6008" src="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-1024x683.jpeg" alt="" width="1024" height="683" srcset="https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-1024x683.jpeg 1024w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-300x200.jpeg 300w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-768x512.jpeg 768w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-1536x1024.jpeg 1536w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-2048x1365.jpeg 2048w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-75x50.jpeg 75w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-650x433.jpeg 650w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-1000x667.jpeg 1000w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-50x33.jpeg 50w, https://sdemocional.org/wp-content/uploads/2026/01/AdobeStock_561756738-600x400.jpeg 600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>La crítica filosófica al turismo</b></span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Hace algunos años La filósofa Agnes Callard desató la polémica al cuestionar el valor transformador del turismo. En “The Case Against Travel” (New Yorker, 2023) sostiene que viajar por placer rara vez cambia o transforma de manera significativa a las personas, pese al prestigio cultural del “viajero”. Su crítica apunta a la repetición de guiones: selfie frente a la Torre Eiffel, pose “sosteniendo” la Torre de Pisa, aglomeración frente a la Mona Lisa sin abrir espacio para el resto del museo. En esa lógica, el viaje suma escenas reconocibles, pero deja intactos los intereses, valores e ideologías centrales del viajero.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Ad portas de la etapa más álgida del verano, periodo que concentra la mayor cantidad de viajeros en Chile, vale la pena algunas reflexionas el respecto.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La evidencia psicológica y social nos ayuda a orientar esta discusión. Aparecen dos ideas simultáneas: el turismo suele producir cambios internos modestos y transitorios; también puede aportar bienestar emocional, aprendizaje, conexión interpersonal y apertura cultural cuando existen condiciones específicas. Todo indica que el viaje ofrece posibilidades, donde los resultados dependen del tipo de experiencia y del modo en que se procesa.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>Motivaciones turísticas y el límite del “cambio personal”</b></span><br />
<span style="font-size: 14pt;">¿Por qué viajamos? En el turismo de ocio dominan motivos como descanso, relajación y ruptura de rutina. También opera la curiosidad cultural entendida como “ver lo emblemático” y consumir aquello a lo que se le asignó valor social, muchas veces de forma pasiva. En otros casos, el viaje responde a razones sociales o profesionales (familia, eventos) más que a una búsqueda deliberada de transformación.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Sobre los cambios profundos, la investigación nos llama a ser prudente. Los viajes breves suelen generar pocos cambios duraderos en rasgos de personalidad, valores o creencias personales. Un estudio con más de <b>1.500 adultos indicó que</b> quienes viajaron mostraron una felicidad ligeramente mayor antes y durante las vacaciones (posiblemente por anticipación positiva), pero <b>pocas semanas después del regreso</b> ya <b>no había diferencias significativas</b> con quienes no viajaron. Resulta sorprendente el contraste entre el entusiasmo del que viaja con la rapidez en que sus beneficios parecen esfumarse.<span class="Apple-converted-space"> </span></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En paralelo, hay escenarios donde el impacto crece. Experiencias más prolongadas e inmersivas (semestres de estudio en el extranjero, trabajo, voluntariado) se han asociado a incrementos en apertura mental y estabilidad emocional, además de flexibilidad cognitiva y creatividad por exposición sostenida a perspectivas distintas. La profundidad del involucramiento hace la diferencia. Mientras que el viaje corto ofrece una ventana efímera, el viaje inmersivo añade continuidad y contexto suficiente para motivar a que algo se reorganice internamente.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>Bienestar emocional: alivio real, pero nuevamente&#8230; duración limitada</b></span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Desde la psicología del bienestar, viajar suele operar como un regulador emocional: desconexión psicológica, descanso, experiencias gratificantes, reducción de estrés. Estudios recientes en poblaciones laborales exigentes han mostrado que viajar con mayor frecuencia se asocia a mayor bienestar psicológico, con un rol mediador de menor estrés percibido y mayor apoyo social. En la práctica, muchas personas sienten que el viaje “recarga” y estabiliza el ánimo.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En datos poblacionales, aparece un respaldo fuerte a esta vivencia: una encuesta de opinión europea informó que el <b>74%</b> considera los viajes clave para su bienestar emocional, situándolos cerca de actividades altamente valoradas como estar con la familia. En esa misma línea, el <b>89%</b> señaló que la compañía influye directamente en el bienestar durante el viaje, lo que sugiere que el turismo también funciona como experiencia relacional, no solo individual.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Si embargo, los aumentos de felicidad y alivio del estrés tienden a desvanecerse en semanas, coherente con la adaptación hedónica y la tendencia a regresar a una línea base afectiva. En concordancia, algunas investigaciones sugieren que vacaciones más frecuentes, aunque más cortas, podrían sostener mejor el bienestar a lo largo del tiempo que concentrar todo en un único viaje anual.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>Autenticidad y redes sociales: experiencia vivida vs. experiencia exhibida</b></span><br />
<span style="font-size: 14pt;">Una parte relevante de la crítica contemporánea apunta a la performatividad del turismo: hacer ciertas cosas “porque se hacen” y mostrarlas. Las redes sociales no han hecho más que amplificar el fenómeno. Un dato especialmente ilustrativo: un estudio de 2023 reportó que cerca de <b>50%</b> de los viajeros elige destinos principalmente para lucirlos en redes sociales. Esto favorece conductas repetitivas: mismas tomas, mismos lugares, atención volcada al dispositivo, en otras palabras, un camino directo al desfiladero de la homogeneización de experiencias.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Las ciencias sociales agregan un matiz útil con la distinción entre autenticidad del objeto (cuán “genuino” es lo visitado) y autenticidad existencial (sensación subjetiva de libertad y conexión consigo mismo durante el viaje). Una experiencia puede sentirse auténtica incluso en un circuito masivo si hay presencia, curiosidad y significado personal. Dos personas pueden visitar el mismo lugar mientras una solo acumula registros, la otra lo integra como una vivencia con significado. Esta diferencia se juega en la atención, la intención y la reflexión posterior. Pero no es un secreto, basta visitar cualquier destino turístico importante para intuir qué perfil es el que predomina.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>¿Y que hay del impacto del turismo en las comunidades locales?</b></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Callard subraya una paradoja central del turismo contemporáneo: el viajero busca cambio personal y termina produciendo transformaciones relevantes en los lugares que visita. La evidencia sociológica confirma que el turismo tiene efectos estructurales profundos en las comunidades receptoras, con consecuencias heterogéneas.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Entre los efectos positivos se cuentan la generación de empleo, el aumento de ingresos, la valorización del patrimonio cultural y natural, y mejoras en infraestructura. En contextos donde estos beneficios son visibles y relativamente bien distribuidos, la percepción local del turismo tiende a ser más favorable.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Los costos, sin embargo, son igualmente consistentes en la literatura. El crecimiento desregulado del turismo se asocia a presión sobre servicios básicos, aumento del costo de vida, degradación ambiental y pérdida de tranquilidad en la vida cotidiana. Estudios con residentes de destinos turísticos describen respuestas emocionales negativas frecuentes —estrés, irritación, sensación de invasión— junto con estrategias para limitar o amortiguar el impacto del flujo de visitantes. La conclusión es clara: sostener el turismo requiere reconocer y gestionar activamente estos efectos.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><b>En definitiva&#8230;</b></span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">El análisis conjunto de la crítica filosófica y la evidencia empírica sugiere una conclusión sobria. El turismo, tal como se practica mayoritariamente, rara vez genera transformaciones personales profundas y sostenidas. Sus beneficios emocionales existen, pero tienden a ser temporales, y su potencial de apertura cultural depende de condiciones que no siempre se cumplen.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Al mismo tiempo, viajar no es una experiencia vacía por definición. Puede cumplir funciones relevantes de descanso, regulación emocional, vínculo y aprendizaje, siempre que se viva con mayor intención y menor automatismo. Frente a la disyuntiva de idealizar el viaje o en simplemente descartarlo, lo relevante parece ser <b>revisar qué esperamos de él y cómo lo terminamos practicamos</b>.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Viajar sin promesas infladas permite una relación más honesta con la experiencia: disfrutar lo que efectivamente ofrece, reconocer sus límites y asumir la responsabilidad que implica desplazarse por territorios que no son propios. Esa conciencia es lo que puede marcar una diferencia real.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dr. Jaime Silva Concha</p>
<p>Instituto de Bienestar Socioemocional</p>
<p>Universidad del Desarrollo</p>
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		<title>Una cultura que debilita la capacidad de pensar: sobre la crisis del pensamiento abstracto &#124; Columna del Dr. Jaime Silva Concha</title>
		<link>https://sdemocional.org/una-cultura-que-debilita-la-capacidad-de-pensar-sobre-la-crisis-del-pensamiento-abstracto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Jan 2026 20:21:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opiniones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pocas capacidades definen tanto el desarrollo psicológico humano como la abstracción: la habilidad de pensar más allá de lo inmediato, anticipar, planificar y reflexionar sobre uno mismo. Gracias al pensamiento [&#8230;]</p>
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<p><span style="font-size: 14pt;">Pocas capacidades definen tanto el desarrollo psicológico humano como la abstracción: la habilidad de pensar más allá de lo inmediato, anticipar, planificar y reflexionar sobre uno mismo. Gracias al pensamiento abstracto podemos identificar patrones generales a partir de experiencias concretas y generar ideas que trascienden el presente. Esta habilidad no surge de forma espontánea; es el resultado de trayectorias de desarrollo en entornos que demandan esfuerzo mental, imaginación, organización y juicio. Cuando esas demandas faltan, en la crianza, la escuela o la cultura, la abstracción no se consolida. Se atrofia.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Hoy se configura un escenario preocupante, en el que al menos tres fuerzas erosionan de manera sistemática la necesidad de pensar abstractamente, con efectos especialmente relevantes para el desarrollo infantil y adolescente.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La primera amenaza es una parentalidad y entornos educativos crecientemente indulgentes e intrusivos, muchas veces bien intencionados, pero psicológicamente empobrecedores. Cuidadores y sistemas escolares que anticipan, resuelven y amortiguan de forma constante la frustración reducen oportunidades esenciales de aprendizaje: ensayo y error, tolerancia al malestar, planificación autónoma y evaluación de consecuencias. Este patrón comienza a observarse antes de la masificación de las redes sociales. De forma congruente, desde fines del siglo pasado, estudios poblacionales en países desarrollados han documentado un estancamiento, e incluso una disminución, del rendimiento cognitivo en generaciones más jóvenes. A la par, evaluaciones educativas internacionales muestran caídas sostenidas en comprensión lectora y razonamiento matemático. Estos hallazgos no describen una causalidad lineal, pero sí un patrón compatible con contextos de crianza y enseñanza que exigen cada vez menos pensamiento autónomo y abstracto.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La segunda amenaza es lo que podríamos llamar <i>scroll mind</i>: un entorno cognitivo dominado por narrativas breves, altamente emocionales, fragmentadas y diseñadas para capturar atención inmediata. El pensamiento abstracto, en cambio, requiere tiempo, continuidad y un cierto desacople de la reactividad emocional. Los sistemas digitales contemporáneos premian exactamente lo contrario, haciendo que pensar deje de ser funcional. La evidencia científica lo respalda: la exposición sostenida a contenidos de formato corto se asocia a un peor desempeño en atención sostenida, autorregulación y memoria, funciones directamente implicadas en la abstracción y la planificación.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La tercera amenaza emergente es la delegación cognitiva masiva en sistemas de inteligencia artificial. Algoritmos que escriben, sintetizan, planifican, deciden y crean por nosotros. La evidencia inicial sugiere que cuando el trabajo intelectual se externaliza de manera sistemática, disminuye la activación de los procesos que sostienen el aprendizaje profundo. Estudios recientes muestran que el uso intensivo de sistemas generativos para resolver tareas complejas se asocia a menor activación de redes neurales vinculadas a funciones ejecutivas y a una reducción de la metacognición, es decir, de la capacidad de monitorear y ajustar el propio pensamiento.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Lo más alarmante de este escenario es su efecto acumulativo sobre el desarrollo psicológico. Estas tres fuerzas no operan de manera aislada: hoy se potencian dentro de un mismo contexto cultural, y sus efectos generacionales se expresan en ámbitos que suelen analizarse por separado: salud mental, rendimiento educativo y deterioro del juicio social, entre otros.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Las respuestas sociales frente a este fenómeno suelen ser parciales y contradictorias. Se prohíben celulares en las escuelas sin enseñar criterios de uso, se critica la dependencia tecnológica mientras se refuerza la delegación cognitiva, y se promueve la autonomía en entornos que vuelven innecesario pensar. Recuperar el pensamiento abstracto exige volver a demandar esfuerzo cognitivo, tolerancia al malestar y tiempo para elaborar ideas, incluso cuando eso resulta incómodo. El desafío es que esta tarea depende, en gran medida, de políticas públicas y decisiones institucionales atrapadas en lo inmediato, precisamente aquello que el pensamiento abstracto busca superar.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Dr. Jaime Silva Concha </span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Instituto de Bienestar Socioemocional</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Universidad del Desarrollo</span></p>
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		<title>Menos conversación, más acción: avances actuales en el tratamiento de la ansiedad en jóvenes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[steffanorampoldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Jan 2026 19:20:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia|Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La ansiedad en niños y adolescentes es uno de los motivos de consulta más frecuentes en salud mental. Su presencia temprana se asocia con dificultades académicas, problemas en las relaciones [&#8230;]</p>
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<p><span style="font-size: 14pt;">La ansiedad en niños y adolescentes es uno de los motivos de consulta más frecuentes en salud mental. Su presencia temprana se asocia con dificultades académicas, problemas en las relaciones sociales, mayor malestar emocional y un aumento del riesgo de trastornos psicológicos en etapas posteriores. Durante años, gran parte de las intervenciones se apoyaron principalmente en la conversación clínica y en la exploración verbal del miedo. Sin embargo, la evidencia acumulada muestra que, cuando la ansiedad interfiere con la vida cotidiana, el cambio terapéutico depende en gran medida del tipo de intervención que se implemente y de los procesos que esta active.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;"><a href="https://doi.org/10.1037/amp0001652" target="_blank" rel="noopener">Una revisión reciente del campo, desarrollada por <b>Philip C. Kendall</b></a>, integra décadas de investigación clínica y permite identificar con claridad qué intervenciones producen cambios consistentes en niños y adolescentes con ansiedad. El valor de este trabajo radica en ordenar la evidencia disponible y precisar que los tratamientos con mejores resultados comparten un énfasis común: intervenciones activas, estructuradas y orientadas a modificar patrones de evitación.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">La ansiedad clínicamente relevante en la infancia suele organizarse alrededor de anticipaciones persistentes de amenaza, una activación emocional intensa y conductas de evitación. El niño teme que algo negativo ocurra, evita la situación que percibe como riesgosa y experimenta un alivio inmediato. Ese alivio refuerza la evitación y aumenta la probabilidad de que el patrón se repita. Con el tiempo, la ansiedad se extiende a más contextos y restringe progresivamente la vida cotidiana. Este funcionamiento explica por qué las intervenciones centradas únicamente en hablar del miedo tienen un alcance limitado cuando no modifican este circuito.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Las intervenciones psicológicas con mejores resultados trabajan directamente sobre estos patrones conductuales y emocionales. La terapia cognitivo-conductual estructurada, especialmente cuando incluye tareas de exposición, se asocia de manera consistente con mejorías clínicas significativas en una proporción importante de niños y adolescentes. En términos generales, alrededor de un 60 % de quienes reciben este tipo de tratamiento muestran cambios claros y sostenidos. Este efecto se ha replicado en distintos países, edades y contextos clínicos.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">El cambio terapéutico ocurre principalmente a través de la experiencia guiada. Las tareas de exposición permiten que el niño o adolescente se enfrente de manera gradual a aquello que teme, observe lo que ocurre en la práctica y desarrolle una mayor sensación de control. A medida que estas experiencias se repiten, las expectativas de daño pierden fuerza y la ansiedad se vuelve más manejable. Este aprendizaje se consolida en la acción y se generaliza a situaciones cotidianas, produciendo cambios que difícilmente se logran solo a través del intercambio verbal.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Hablar sobre el miedo y comprenderlo cumple una función relevante para construir una alianza terapéutica y dar sentido a la experiencia emocional. No obstante, la evidencia muestra que los cambios más robustos aparecen cuando la conversación clínica se integra a intervenciones que desafían activamente la evitación. En ese proceso se fortalece la percepción de competencia y se amplía la capacidad de regulación emocional en contextos reales.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">El rol de la familia ha sido ampliamente estudiado. La participación de los padres puede facilitar el tratamiento cuando contribuye a reducir conductas de acomodación, promueve la autonomía progresiva y apoya los esfuerzos del niño por enfrentar sus temores. Los resultados tienden a ser menos favorables cuando la intervención familiar reduce las oportunidades de afrontamiento. El impacto depende del efecto que la participación parental tenga sobre los procesos que sostienen la ansiedad.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En la adolescencia, la ansiedad suele presentarse en un contexto más complejo, marcado por mayores demandas sociales, cambios identitarios y una creciente necesidad de autonomía. Aun así, los principios de intervención se mantienen estables. Las estrategias que priorizan el afrontamiento gradual, la activación conductual y el fortalecimiento de la autoeficacia continúan mostrando efectos positivos, con adaptaciones acordes al nivel de desarrollo y a los contextos específicos.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">Un aspecto relevante es que los beneficios del tratamiento no se limitan al corto plazo. Los estudios de seguimiento indican que muchos jóvenes mantienen las mejorías alcanzadas y presentan un mejor funcionamiento global, relaciones interpersonales más estables y mayor satisfacción vital. Estos resultados sugieren que las intervenciones activas durante la infancia y la adolescencia pueden influir de manera significativa en la trayectoria del desarrollo psicológico.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">A pesar de la solidez de esta evidencia, las intervenciones basadas en acción siguen estando subutilizadas en muchos contextos clínicos. Entre las razones se encuentran creencias erróneas sobre la exposición, dificultades técnicas y variabilidad en la formación profesional. Los datos disponibles indican que, cuando la intervención se implementa de forma gradual, colaborativa y estructurada, la alianza terapéutica se mantiene sólida y los resultados tienden a ser superiores.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En los últimos años también se ha acumulado evidencia que respalda la eficacia de estos tratamientos en modalidad online. La psicoterapia a distancia muestra resultados comparables a la atención presencial cuando conserva sus componentes centrales, ampliando las posibilidades de acceso a intervenciones basadas en intervención activa.</span></p>
<p><span style="font-size: 14pt;">En conjunto, la investigación converge en una conclusión clara: el tratamiento eficaz de la ansiedad en niños y adolescentes requiere pasar de una psicoterapia centrada principalmente en la conversación a una intervención que genere experiencias correctivas sostenidas. Cuando la acción terapéutica se implementa con consistencia y rigor, los cambios alcanzan tanto la ansiedad como el bienestar psicológico a largo plazo.</span></p>
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