Criar en contextos adversos: cuando la adaptación parental es una fortaleza

La crianza bajo la lupa del déficit
Cuando se habla de crianza en contextos adversos, el discurso dominante suele organizarse desde un modelo de déficit. Con frecuencia, padres con escasos recursos son descritos como menos sensibles, menos involucrados o capaces. Esta mirada se ha instalado no solo en la opinión pública, sino también en la investigación científica y en las políticas sociales.
Tradicionalmente, estas características de las prácticas parentales se han explicado mediante dos modelos. El Modelo de Estrés Familiar sostiene que la escasez genera estrés que deteriora el cuidado. La Perspectiva de Inversión propone que menos recursos implican menor inversión en los hijos. Ambos modelos ayudan a entender parte del fenómeno, pero tienden a interpretar la crianza principalmente a partir de las carencias.
Sin embargo, criar nunca ocurre en el vacío. Las prácticas parentales se desarrollan dentro de contextos sociales específicos, marcados por oportunidades, riesgos y restricciones. En entornos atravesados por inseguridad económica, discriminación y exposición a peligros cotidianos, las decisiones parentales responden a necesidades concretas y a evaluaciones constantes del entorno.
Cuando el contexto desaparece del análisis, la crianza se juzga con estándares que no siempre reflejan las realidades que enfrentan muchas familias. Reconocer esta complejidad no significa negar las dificultades asociadas a la adversidad. Al contrario, permite desplazar el foco desde las supuestas fallas parentales hacia las condiciones sociales que las moldean.
Prácticas distintas, contextos distintos
Durante décadas, la investigación ha descrito diferencias promedio en la crianza según nivel socioeconómico. A diferencia de lo que suele observarse en contextos con mayor disponibilidad de recursos, en familias con menos recursos es más frecuente el uso de autoridad directa, la disciplina estricta, la presencia de hogares multigeneracionales y la maternidad temprana.
Cuando estas diferencias se interpretan sin considerar el contexto, tienden a leerse como déficits. Bajo esta lógica, ciertas prácticas se consideran problemáticas sin preguntarse si cumplen una función adaptativa en entornos específicos. Además, se asume que los efectos de la crianza son universales, independientemente del contexto social y cultural.
Sin embargo, una misma práctica podría tener consecuencias distintas según el entorno. Estilos parentales considerados negativos en ciertos grupos pueden no mostrar los mismos efectos en otros. Esto sugiere que la crianza no debería evaluarse a partir de un único patrón normativo.
Desde una mirada contextual, muchas conductas que suelen etiquetarse como problemáticas adquieren otro significado. La disciplina estricta podría buscar protección inmediata. La autoridad directa podría reducir ambigüedades en contextos inseguros. La organización familiar extendida podría compensar la falta de apoyo institucional.
Crianza como fortaleza: adaptación y agencia parental
Estas ideas han sido desarrolladas con mayor profundidad en el reciente trabajo de Ellwood-Lowe y colaboradores (2025), que examina la crianza en contextos de bajo nivel socioeconómico desde una perspectiva diferente. En lugar de centrarse en déficits, el enfoque pone el acento en la agencia parental y en la capacidad de adaptación frente a restricciones estructurales.
Desde esta mirada, los padres no son actores pasivos dominados por el estrés. Evalúan riesgos, anticipan consecuencias y toman decisiones estratégicas orientadas al bienestar de sus hijos. Algunas decisiones buscan protección inmediata. Otras apuntan a preparar a los niños para enfrentar discriminación, inseguridad o sistemas sociales injustos.
Este cambio de perspectiva se vuelve claro a través de ejemplos concretos. La socialización frente a la discriminación y el estigma aparece como una forma de cuidado que prepara a los niños para enfrentar trato desigual y favorece su ajuste psicológico. Los hogares multigeneracionales, lejos de ser solo hacinamiento, también podría fortalecer habilidades sociales y redes de apoyo. Asimismo, algunos padres evitan reuniones escolares para proteger a sus hijos del estigma asociado a antecedentes policiales. Las prácticas de alfabetización no tradicionales, como la narración oral o los juegos de palabras, pueden compensar la falta de recursos materiales, como libros en el hogar. En contextos de alta peligrosidad, el uso de disciplina estricta puede responder a la necesidad de reducir riesgos inmediatos y proteger la integridad infantil.
Repensar la crianza desde el contexto no implica idealizar las condiciones difíciles asociadas a la falta de recursos. La propuesta que gana adeptos busca reconocer que el cuidado es profundamente situado. Así, es posible avanzar hacia políticas y prácticas más justas, respetuosas y eficaces.
Referencia bibliográfica:
Ellwood-Lowe, M. E., Reyes, G., DeJoseph, M. L., & Frankenhuis, W. E. (2025). Caring for Children in Lower-ses Contexts: Recognizing Parents’ Agency, Adaptivity & Resourcefulness. Daedalus, 154(1), 52–69. https://doi.org/10.1162/daed_a_02123



