En el último año el empleo de dispositivos electrónicos y manejo de tecnología ha aumentado en gran parte de la población: como herramienta de trabajo en casa, como medio de entretenimiento y ocio, y como medio de comunicación al encontrarnos aislados de nuestros amigos y familiares. De la misma manera, ha afectado al ámbito escolar ante el cierre de escuelas, obligando a los niños y adolescentes a tomar clases online. Quizá hoy en día nos parezca común ver que el uso de dispositivos electrónicos ha llegado incluso hasta los más pequeños con juegos, apps, videos y música, y que han aprendido a usar y convivir con estas herramientas.

Hasta antes de la pandemia, se tienen registros de que los hábitos de uso de diferentes dispositivos tecnológicos en casa comienzan cada vez más temprano en el desarrollo. Un ejemplo es un estudio realizado en infantes hispanohablantes entre los 12 meses y hasta los 6 años de edad (Suárez y Alva, 2018), en el cual se les preguntó a sus cuidadores por el tipo de dispositivos que sus pequeños utilizaban en casa, el contenido que consumían  y una estimación del tiempo que invertían en ello. Los resultados mostraron que más del 60% de los cuidadores reportaron que tenían televisión, smartphone, laptop, tableta electrónica y servicio de internet en casa. De estos, la televisión resultó ser el medio favorito de los infantes, llegando a ser usada más de 5 horas al día, seguido por los smartphones y las tabletas electrónicas, ambas siendo usadas hasta 4 horas diarias. Los contenidos más consumidos por los infantes fueron los videos y música por internet en primer lugar, los programas infantiles por televisión de paga en segundo y las películas en tercero. También se observó que el 96% de las veces que los infantes usaban la tecnología, lo hacían en sus casas o en la de algún familiar; el 72% reportó que lo hacían bajo la supervisión de sus padres. Por otra parte, el estudio también mostró que la preferencia de los infantes por diferentes dispositivos iba en aumento conforme la edad también lo hacía, lo cual lleva a pensar que los infantes más grandes probablemente consumen contenidos en más de un dispositivo tecnológico durante un mismo día. Finalmente, también se les preguntó a los cuidadores sobre su percepción acerca del uso de los dispositivos de los infantes, la cual en general fue considerada como positiva y esta aceptación aumentaba conforme la edad también lo hacía, alcanzando un 78% de percepción positiva del uso de dispositivos en el rango de 4 a 6 años de edad.

Si bien la incorporación de la tecnología a la vida de nuestros pequeños puede ser una herramienta útil para entretenerlos e incluso para apoyar el desarrollo de algunas habilidades como habilidades prelectoras, la escucha del lenguaje, entre otras, el uso de estos dispositivos sin ningún tipo de límites y supervisión, puede afectar su desarrollo. Tal es el caso de utilizar los dispositivos tecnológicos y su contenido multimedia para “ayudar” a los niños y niñas a regular sus emociones. Por ejemplo, imaginen que se encuentran en algún lugar público (una tienda, el aeropuerto, un hospital o incluso en una reunión informal) y observan que cerca de ustedes hay un niño o niña comenzando un berrinche o pataleta. El padre, para tratar de calmarlo y evitar llamar la atención o que otros se molesten, le ofrece su celular con algún juego o video, ¿suena familiar?

Un estudio realizado con 269 infantes entre los 2 y 3 años de edad, reveló que altos niveles en el uso de contenido multimedia para regular las emociones de los pequeños se relacionaba con un uso problemático de dichos contenidos y además, los infantes llegaban a presentar emociones más extremas cuando no podían acceder a ellos (Coyne, 2021). Asimismo, evaluaron si el temperamento de los infantes estaba relacionado con un mayor uso problemático de los contenidos multimedia y con mayor dificultad para manejar las emociones negativas. Los resultados confirmaron dichas hipótesis; los infantes con temperamento más difícil tendían a depender más de dichos contenidos para manejar sus emociones en general y mostraban más conductas problemáticas cuando se les privaba el acceso a estos contenidos. Esto probablemente se encuentre relacionado con la tendencia de los padres a utilizar los dispositivos tecnológicos y contenidos multimedia para tratar no sólo de regular, sino de evitar y distraer a los infantes de las emociones negativas, especialmente cuando estos tenían un temperamento más difícil.

Aunque pudiera parecer una situación beneficiosa para todos (los pequeños evitan las emociones negativas y los adultos pueden seguir sus actividades), en realidad podría resultar ser totalmente lo contrario. Cuando nacemos, no tenemos la habilidad de autorregulación emocional, por lo que es una de las tareas primordiales en el desarrollo temprano: aprender a autorregularnos emocional y conductualmente. Esta habilidad comienza con la heterorregulación, lo cual quiere decir que nos ayudamos de otro para lograr esta regulación mientras las habilidades propias van reforzándose poco a poco. Si como adultos fomentamos que los pequeños se distraigan y simplemente eviten sus emociones negativas, también estamos evitando que aprendan y experimenten sobre emociones completamente normales y naturales como seres humanos, así como a regularlas en distintos contextos de su vida. Incluso podríamos estar reforzando la idea de que lo correcto es evitar manejar y sentir este tipo de emociones, dejando el control de estas a un agente externo, que en este caso serían los dispositivos tecnológicos y contenidos multimedia.

Con esto, no buscamos sugerir que los niños y niñas eviten a toda costa el uso de dispositivos; nuestro objetivo es dar a conocer algunos de los riesgos a los que podrían estar expuestos si como adultos no les ayudamos a regular su uso limitando el tiempo, supervisando los contenidos que consumen y motivándolos a realizar actividades lúdicas que no incluyan estos dispositivos y contenidos multimedia para ayudar a desarrollar sus habilidades cognitivas (como lo hemos sugerido en notas anteriores), interpersonales y de autorregulación tanto emocional como conductual. De esta manera, estaremos fomentando un desarrollo sano que más adelante les permita afrontar diferentes situaciones cotidianas que requieran de un equilibrio en la regulación de sus emociones. 

Referencias

Coyne, S., Shawcroft, J., Gale, M., Gentile, D., Etheringtin, J., Holmgren, H. (2021). Tantrum, toddlers and technology: Temperament, media emotion regulation, and problematic media use in early childhood. Computers in Human Behavior.

Suárez, P. y Alva, E. (2018). Análisis cuantitativo del consumo tecnológico en infantes y preescolares hispanohablantes. Investigación y Práctica en Psicología del Desarrollo. DOI: 10.33064/ippd42089

Psic. Tania Valdés González, Licenciatura en Psicología. Universidad Nacional Autónoma de México. Candidata a Doctor en Ciencias del Desarrollo y Psicopatología (UDD-Chile) Áreas de investigación: Desarrollo del Lenguaje Infantil